{"id":127,"date":"2025-01-08T16:05:32","date_gmt":"2025-01-08T19:05:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.mamercedesmaclean.com.ar\/?page_id=127"},"modified":"2025-10-22T13:22:58","modified_gmt":"2025-10-22T16:22:58","slug":"las-barrancas-de-belgrano-fue-mi-barrio","status":"publish","type":"page","link":"http:\/\/www.mamercedesmaclean.com.ar\/?page_id=127","title":{"rendered":"Las Barrancas de Belgrano, fue mi barrio&#8230;"},"content":{"rendered":"<h3><\/h3>\n<h3><\/h3>\n<h3><\/h3>\n<h3><\/h3>\n<h3><\/h3>\n<h3><\/h3>\n<h3><\/h3>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong><em>Cada lugar, cada esquina tiene para m\u00ed algo de magia o de \u00e1ngel&#8230;<\/em><\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>El \u00e1ngel de la casa.<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em><a href=\"http:\/\/www.mamercedesmaclean.com.ar\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/trompe.gif\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-128\" src=\"http:\/\/www.mamercedesmaclean.com.ar\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/trompe.gif\" alt=\"\" width=\"144\" height=\"204\" \/><\/a>\u00a0<\/em><em>Era el camino obligado de todas las tardes. En el invierno esas caminatas por el barrio desde la avenida Cabildo hasta su casa eran oscuras adem\u00e1s de fr\u00edas. El sol ca\u00eda temprano y las altas magnolias, camelias y palmeras de la casa, oscurec\u00edan el lugar y lo alargaban sobre las veredas.<\/em><\/p>\n<p><em>Quiz\u00e1s por ello amaba el verano, porque a pesar de la hora pod\u00eda admirar el frente, a\u00fan\u00a0\u00a0hermoso, del primer piso de la casa vieja.<\/em><\/p>\n<p><em>M\u00e1s arriba un solitario mirador de techo de pizarra. El \u00e1ngel parec\u00eda colgado de \u00e9l.<\/em><\/p>\n<p><em>Seg\u00fan los datos que se conoc\u00edan en el barrio la construcci\u00f3n de la casa de Delcasse era del a\u00f1o 1883. El frente sobre la calle Cuba ten\u00eda el n\u00famero 1919. Los fondos, siguiendo por Sucre, llegaban hasta Arcos donde un cedro gigantesco extend\u00eda sus ramas sobre un antiguo port\u00f3n de hierro tan simple y oxidado que pasaba inadvertido.<\/em><\/p>\n<p><em>Se dec\u00eda -relatos de viejos- que en esos fondos, en ese jard\u00edn de atr\u00e1s donde el propietario hab\u00eda levantado un pabell\u00f3n que funcionaba como sala de armas, hab\u00edan sucedido los \u00faltimos duelos en Buenos Aires.<\/em><\/p>\n<p><em>El port\u00f3n herrumbrado y seguramente imposible de abrir permitir\u00eda en a\u00f1os aquellos la entrada de los contendientes, sus padrinos y alguno que otro testigo. Seguramente la salida era m\u00e1s furtiva y manchada de sangre&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Nada indicaba ahora que la casa estuviese habitada. La puerta alta de madera permanec\u00eda siempre cerrada as\u00ed como las pocas celos\u00edas que se pod\u00edan ver, todas del primer piso. El muro y el port\u00f3n no dejaban ver el jard\u00edn y las ventanas de abajo.<\/em><\/p>\n<p><em>Ese macizo port\u00f3n de madera cruda, oscura y ya bastante viejo pose\u00eda una peque\u00f1a puerta como para permitir la entrada y salida de las personas. En su mejor \u00e9poca se deb\u00eda haber necesitado su total apertura para dejar paso a los carruajes.<\/em><\/p>\n<p><em>Laura aminoraba el ritmo de su paso cuando cruzaba y empezaba a recorrer las veredas rotas de la casa. De la amplia manzana la finca ocupaba la mitad. Abarcaba Sucre de esquina a esquina.<\/em><\/p>\n<p><em>Caminaba despacio mientras miraba al \u00e1ngel del frente, admiraba su expresi\u00f3n serena y observaba sus manos sosteniendo o tocando la lira. La figura femenina y alada, a pesar de su quietud, parec\u00eda dispuesta a volar en cualquier momento; pasaba la vista por cada una de las celos\u00edas cerradas y aspiraba profundamente el perfume a jazm\u00edn y madreselva de las enredaderas del muro que trepando y avanzando llegaban hasta la esquina de Arcos. En esa esquina se deten\u00eda, se apoyaba suavemente en el muro gris verdoso de la ochava y esperaba unos minutos.<\/em><\/p>\n<p><em>La gata blanca llegaba del lado norte, como si viniese desde la Avda. Juramento. No actuaba como un gato com\u00fan y receloso. Avanzaba por el medio de la vereda, con paso lento y majestuoso y la esponjosa cola levantada.<\/em><\/p>\n<p><em>Frente al mohoso port\u00f3n de atr\u00e1s, aquel de las salidas furtivas, se deten\u00eda y tomaba asiento.<\/em><\/p>\n<p><em>La gata esperaba, Laura esperaba.<\/em><\/p>\n<p><em>Al principio no sinti\u00f3 nunca ruido alguno, con el pasar de los meses su o\u00eddo se acostumbr\u00f3 y lleg\u00f3 a escuchar la apertura de una puerta. Despu\u00e9s el crujido.<\/em><\/p>\n<p><em>Ese sonido era la se\u00f1al para la gata y para Laura, el animal se levantaba y atravesando los barrotes se hund\u00eda en la espesura del jard\u00edn del fondo. Laura se adelantaba hasta unos pocos cent\u00edmetros de la reja y asomaba la cabeza. Segu\u00eda con la vista la inconfundible mancha blanca hasta que desaparec\u00eda detr\u00e1s de los arbustos. Ve\u00eda la cola blanca llegar hasta la casa y sent\u00eda el cierre quejumbroso de alguna puerta. Volv\u00eda a darse unos minutos de espera, luego levantaba la vista para ver en medio de la oscuridad de la casa cerrada una luz parpadeante detr\u00e1s de las ventanas del cuarto de la esquina. Siempre era el mismo, el \u00fanico que se iluminaba.<\/em><\/p>\n<p><em>Siempre la misma ventana de la casa con m\u00e1s de 20 habitaciones. Todas las dem\u00e1s permanec\u00edan oscuras y silenciosas.<\/em><\/p>\n<p><em>Esperaba unos minutos m\u00e1s hasta que escuchaba la m\u00fasica y entonces segu\u00eda su camino. Rutina de muchos a\u00f1os. Muchos domingos. Llovizna, calor o fr\u00edo, vacaciones o feriados, la gata llegaba siempre a su hora y entraba a la se\u00f1al. Despu\u00e9s la luz y la m\u00fasica.<\/em><\/p>\n<p><em>M\u00e1s veranos.\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Laura pase\u00f3 muchas veces el cochecito de sus hijos y volvi\u00f3 a la esquina a esperar la llegada de la gata blanca. A aguardar la luz y la m\u00fasica.<\/em><\/p>\n<p><em>Algunas veces el suceso quiso tomar en su cabeza forma de realidad y ser algo explicable: quiz\u00e1s una dinast\u00eda de gatas blancas se suced\u00edan en el ingreso a\u00a0la casa del \u00e1ngel. Un suceso com\u00fan y l\u00f3gico. Nunca un extra\u00f1o ritual.<\/em><\/p>\n<p><em>Por 1980, o tal vez un par de a\u00f1os antes, la fecha escapa ahora de su memoria, sali\u00f3 en unas revistas y se coment\u00f3 en el barrio que\u00a0<strong>la casa del \u00e1ngel<\/strong>\u00a0se vend\u00eda e iba a ser demolida.<\/em><\/p>\n<p><em>Alguna sociedad vecinal trat\u00f3 de defender la casona, se busc\u00f3 alg\u00fan suceso hist\u00f3rico que la salvase, incluso se hablo de comprarla. Nunca se encontr\u00f3 el suceso, nunca se junt\u00f3 el dinero y solo se logr\u00f3 detener la obra algunos meses. En el alto muro unos carteles inmensos mostraban como quedar\u00eda la construcci\u00f3n terminada: una elegante, corta y funcional galer\u00eda, varios subsuelos de cocheras hacia abajo, tres torres de departamentos como de 20 amplios pisos cada una y en la entrada de la esquina de Cuba y Sucre, el \u00e1ngel, salvado de la demolici\u00f3n y del remate, pasar\u00eda a integrar el decorado del nuevo y moderno edificio. La casa del \u00e1ngel se convert\u00eda en La galer\u00eda del \u00e1ngel y el barrio se tranquiliz\u00f3.<\/em><\/p>\n<p><em>Pasaron los a\u00f1os de la construcci\u00f3n. Terminada la obra se pudo volver a admirar al \u00e1ngel remozado, con su lira entre las manos. Una fuente fue colocada en la salida de la galer\u00eda, casi en el sitio donde en otros tiempos estaba el port\u00f3n de rejas oxidadas y la sombra del olmo.<\/em><\/p>\n<p><em>Ya Laura no pasaba por all\u00ed. Ya no volv\u00eda por Sucre hacia su casa y la galer\u00eda, metida dentro del barrio, peque\u00f1a, hermosa, pero demasiado exclusiva, no era un lugar al que se pensara ir diariamente.<\/em><\/p>\n<p><em>Si alguna vez pasaba por all\u00ed, incluso si iba para ese lado se empe\u00f1aba en encontrar la calle, las esquinas, se esforzaba por volver a recorrerlas, caminar por las veredas de Sucre evocando con nostalgia la vieja casona. Se deten\u00eda para mirar al \u00e1ngel que, como anta\u00f1o, parec\u00eda a punto de salir volando.<\/em><\/p>\n<p><em>Alguna vez se sent\u00f3 a tomar un caf\u00e9 en las peque\u00f1as y blancas mesitas que las confiter\u00edas desparramaban por las veredas ahora amplias e iluminadas. Tomaba, entre recuerdos, un caf\u00e9, caliente, caro y bien servido.<\/em><\/p>\n<p><em>La casa de perfumes estaba en una de las salidas, daba a la fuente de agua de la esquina de atr\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em>Ese d\u00eda, aburrida, se qued\u00f3 mirando los frascos de perfumes, coloridos, peque\u00f1os y sin precio.<\/em><\/p>\n<p><em>M\u00e1s all\u00e1 un local de las tantas cadenas de supermercados que hab\u00eda en Belgrano le record\u00f3 que necesitaba algunas cosas para su casa. \u00bfPero cu\u00e1les?. Los a\u00f1os no hab\u00edan pasado en vano, los a\u00f1os y los sucesos le hab\u00edan quitado la memoria. Sab\u00eda que no era la memoria en s\u00ed, sino que le suced\u00edan olvidos. S\u00ed, se distra\u00eda y, quiz\u00e1, prefer\u00eda olvidar algunas cosas.<\/em><\/p>\n<p><em>-Leche, leche y \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s?.<\/em><\/p>\n<p><em>Miraba sin ver hacia la vereda de la calle Arcos cuando la vio aparecer, blanca como siempre, por el medio de la vereda, a paso lento, majestuoso y sin miedo. Siempre con la cola esponjosa y levantada.<\/em><\/p>\n<p><em>Sinti\u00f3 un escalofr\u00edo que comenz\u00f3 en la nuca y le recorri\u00f3 toda la espalda. Se qued\u00f3 clavada en el lugar con los ojos fijos en el animal blanco que se acercaba decidido hacia donde ella estaba. Se detuvo casi a sus pies y tom\u00f3 asiento. La mir\u00f3 fijamente.<\/em><\/p>\n<p><em>Como en otros\u00a0\u00a0ayeres, las dos esperaron.<\/em><\/p>\n<p><em>El sonido de la puerta al abrirse fue claro. La gata se incorpor\u00f3 y Laura gir\u00f3 levemente la cabeza y mir\u00f3 hacia donde ahora miraba la gata.<\/em><\/p>\n<p><em>Esfumado, en medio de la perfumer\u00eda, se abr\u00eda el jard\u00edn del fondo tan lleno de malezas como lo recordaba y bien atr\u00e1s, casi en el coraz\u00f3n de la primera torre, una puerta.<\/em><\/p>\n<p><em>Una joven, casi una ni\u00f1a, se tomaba del picaporte, llevaba un vestido azul pasado de moda.<\/em><\/p>\n<p><em>Laura reci\u00e9n parpade\u00f3 cuando la gata la roz\u00f3 con su cola al pasar a su lado para internarse entre las difusas malezas. En su mente la idea le daba vueltas:<\/em><\/p>\n<p><em>-Est\u00e1s so\u00f1ando. \u2013se dijo.<\/em><\/p>\n<p><em>-Seguro, todo es un sue\u00f1o.<\/em><\/p>\n<p><em>Tambi\u00e9n pens\u00f3 que estaba peor que nunca, jam\u00e1s le hab\u00eda pasado so\u00f1ar despierta por lo que, un tanto malhumorada, apart\u00f3 la vista de la imagen imprecisa y se dirigi\u00f3 hacia el banco de piedra que rodeaba la fuente. Se sent\u00f3.<\/em><\/p>\n<p><em>Fue muy leve el roce de la mano. Cuando levant\u00f3 los ojos la joven con la gata en brazos estaba a su lado. Le sonre\u00eda suavemente. Deposit\u00f3 en su regazo a la gata blanca.<\/em><\/p>\n<p><em>Laura pas\u00f3 los dedos sobre el pelaje suave y largo mientras miraba a la ni\u00f1a. Era muy joven. Levemente se sent\u00f3 a su lado, parec\u00eda estar y no estar sentada, volvi\u00f3 a sonre\u00edrle.<\/em><\/p>\n<p><em>-Ahora que viniste te la puedo dejar&#8230;\u2013. Hizo una pausa.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfDejar? \u2013la pregunta de Laura sali\u00f3 con voz quebrada.<\/em><\/p>\n<p><em>-S\u00ed, debo irme. \u2013dijo mientras doblaba la cabeza y miraba.<\/em><\/p>\n<p><em>Observ\u00f3 la galer\u00eda, levant\u00f3 la vista para mirar los pisos altos, detuvo su atenci\u00f3n en las veredas pobladas de mesitas. Otra vez se dirigi\u00f3 a Laura:<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211;Qu\u00e9date con Carlota, por favor. Tengo que irme. Y tengo que ir sola.<\/em><\/p>\n<p><em>-Claro. \u2013realmente no sab\u00eda por qu\u00e9 respond\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211; Te dejo a mi amiguita. No puede venir conmigo.<\/em><\/p>\n<p><em>Antes que Laura pudiese preguntar sinti\u00f3 el beso suave en la mejilla. Cuando reaccion\u00f3 estaba sola, la gata acurrucada sobre sus piernas.<\/em><\/p>\n<p><em>Mir\u00f3 atentamente cada lugar, cada rinc\u00f3n. Recogi\u00f3 la gata y camin\u00f3 por los alrededores. Lo hizo demasiado tiempo, pero in\u00fatilmente.<\/em><\/p>\n<p><em>La gata se dorm\u00eda, con ella en los brazos se volvi\u00f3 a su casa. Carlota se instal\u00f3 como si siempre hubiese formado parte de la familia. Si le preguntaban el origen solo atinaba a decir: -Es de la casa del \u00e1ngel-.<\/em><\/p>\n<p><em>Los d\u00edas pasaron, Laura sigui\u00f3 escribiendo. Carlota durmiendo esperaba que terminase la tarea de ese d\u00eda para realizar el ritual de mimos y ronroneos.<\/em><\/p>\n<p><em>Una noche como tantas pas\u00f3 una amiga por su casa.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Qu\u00e9 tal!, \u00bfC\u00f3mo est\u00e1n tus cosas?, \u00a1Qu\u00e9 horrible tiempo!, \u00a1Seguro que ma\u00f1ana llueve!, \u00a1Qu\u00e9 caro est\u00e1 todo!, y tambi\u00e9n, como era habitual:<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Qu\u00e9 linda gata!. \u00bfDe d\u00f3nde sali\u00f3?.-.<\/em><\/p>\n<p><em>-Es la gata de\u00a0<strong>la casa del \u00e1ngel<\/strong>. \u2013repiti\u00f3 como otras veces.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfEn serio?. Ahora es<strong>\u00a0sin \u00e1ngel<\/strong>&#8230;\u00a0\u00a0\u00bfSab\u00edas?.<\/em><\/p>\n<p><em>-No,&#8230; no s\u00e9, \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3? \u2013Laura prest\u00f3 m\u00e1s atenci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>-Parece que el \u00e1ngel se \u201cvol\u00f3\u201d, -cont\u00f3 Leticia.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfSe vol\u00f3?<\/em><\/p>\n<p><em>-Bueno, es un decir&#8230;, parece que lo robaron. Una ma\u00f1ana ya no estaba. Ahora est\u00e1n terminando una r\u00e9plica para rellenar el sitio en la entrada de la galer\u00eda.-<\/em><\/p>\n<p><em>Despu\u00e9s todo continu\u00f3 con: -\u00a1Qu\u00e9 caro est\u00e1 todo! (otra vez), \u00a1Viste la pel\u00edcula tal!,\u00a1Seguro que ma\u00f1ana llueve!(otra vez)\u00a1Pero viste c\u00f3mo aumentaron los precios!\u00bfY de d\u00f3nde me dijiste que era la gata?<\/em><\/p>\n<p><em>Laura o\u00eda sin escuchar. Conoc\u00eda a Leticia y que despu\u00e9s de algunos cu\u00e1ntos \u201cqu\u00e9 caro est\u00e1 todo\u201d, su amiga se ir\u00eda a su casa y la noche ser\u00eda toda suya para escribir. Sab\u00eda ahora que Carlota no era ya la gata de la casa del \u00e1ngel. Sab\u00eda que ya era suya, como la noche. Y sab\u00eda que el nuevo cuento iba a empezar algo as\u00ed como: \u201cEra el camino obligado todas las tardes. En el invierno esas caminatas por el barrio desde la avenida Cabildo hasta su casa eran oscuras adem\u00e1s de fr\u00edas&#8230;\u201d\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Mar\u00eda Mercedes MacLean<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada lugar, cada esquina tiene para m\u00ed algo de magia o de \u00e1ngel&#8230; El \u00e1ngel de la casa. \u00a0Era el camino obligado de todas las tardes. En el invierno esas caminatas por el barrio desde la avenida Cabildo hasta su casa eran oscuras adem\u00e1s de fr\u00edas. 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